18 octubre 2009

Fotografías del pasado reciente









22 mayo 2009

Calle Quechereguas, 8 de diciembre de 1950

08 mayo 2009

En la plaza del pueblo, mayo del 50 y tantos...

Iván Rodríguez, Luis Díaz, X Lara y Hugo Olea

Luis Díaz, Hugo Olea, Sergio Díaz y Roberto Muñoz.

29 octubre 2008

Los evangélicos

Crecí como adolescente en la Iglesia Pre Concilio Vaticano II en que rogábamos perdón para los judíos culpables de la muerte de Cristo y se mencionaba de manera peyorativa a los evangélicos.

Confieso mis faltas: haber mirado como un pecador contumaz al Pastor Garrido que los fines de semana encabezaba, por las calles del pueblo, una columna de hombres, mujeres y niños que glorificaban a Dios, acompañados de acordeones, guitarras y panderetas. Se detenían en cada esquina. Durante la semana “tal hereje” oficiaba como comerciante de pescados en el mercado municipal.

Me pesa aún la contemplación curiosa que alguna vez hice del hermano Moena y su vistoso uniforme lleno de entorchados, en cuya gorra se leía “Ejército Evangélico de Chile”. Sin el atuendo fungía como un competente jardinero municipal. Junto a él marchaba, también de uniforme, un señor que habitualmente recorría las calles con su carrito heladero. Para anunciar su presencia soplaba un cacho de vacuno.

Liberado de prejuicios conocí evangélicos de muchas denominaciones. Entre ellos hombres sabios, como el desaparecido pastor bautista Aníbal Giordano. Me señaló una vez que tras la palabra canuto, “así nos dicen” aclaraba, hay todo un mundo de buena gente cuyo aporte a la sociedad chilena ha sido muy relevante. Un estado, gracias a Dios laico, como el nuestro, lo reconoce, enhorabuena, con el feriado del viernes próximo.

¿Qué se celebra? El día en que el fraile agustino Martín Lutero clavó sus 95 tesis contra las indulgencias en la iglesia del palacio de Wittenberg, 31 de octubre de 1517. Daba inicio la Reforma Protestante, una verdadera revolución no exenta de fanatismos por los contrarios que, por fortuna, han quedado en el pasado.



Publicado en el Diario de Concepción, 29 de octubre 2008

20 julio 2008

El inicio de la calle Agua Fría (16 de julio 2008)

20 mayo 2008

Don René Jara Garay

Me he enterado hoy del fallecimiento de Don René Jara Garay (fundador de la Radio Independencia)...está siendo velado en el cuartel del Cuerpo de Bomberos de Talca....fue mi primer jefe en radio y acá en Victoria en la Novena Región, fundó la radio Copihue F.M pionera en aquel entonces en la provincia de Malleco de la frecuencia modulada...pequeño Gigante de la solidaridad y la Buena Voluntad, con su 1,50 tenia un tremendo Corazón....Gracias por todo...la ingratitud es norma en vida (lástima que así sea)...pero la muerte nos otorga el reconocimiento...hasta siempre o hasta pronto..Jarita para tus amigos...Don René para los que le seguiremos recordando en este efímero viaje que es la vida....

Un locutor...gracias a su Buena Voluntad.... Victoria 19 de Mayo del 2008

Don René Jara fue directivo de la Compañía de Bomberos de Molina y hasta su muerte Honorario de la Tercera Compañía de Bomberos de Talca.

30 marzo 2008

Fotografías recientes




18 diciembre 2007

Navidad en el pueblo...

La Navidad en el pueblo se vivía con algo de anticipación. El Municipio y el comercio en una alianza estratégica, como se diría hoy, colgaban, una semana antes, guirnaldas de ampolletas de todos colores de lado a lado de la calle en el centro mismo. En ciertas casas con mampara era posible observar caída la noche, árbolitos de pascua muy iluminados, en sus ramas colgaban fantasías navideñas que eran caras y costaba encontrar. La nieve (...) la reemplazaban motas de algodón salidas del botiquín de la casa. El arbolito era una rama de pino o de la macrocarpa que rodeaba el Estadio Municipal. Olía maravillosamente. Nuestra Navidad y Nochebuena olían en realidad a resina, a vida. Hoy es inodora con esos arbolitos postmodernos que desde su estructura de plástico pretenden simular la realidad.

El tren del cura Pérez

La Parroquia Nuestra Señora del Tránsito prefiguraba la Navidad con la Novena del Niño Jesús. Tenía como escenario una gruta muy hermosa que existía fuera del templo, más cercana a la casa habitación del Cura Pérez, don José Samuel. Allí se armaba un Pesebre con figuras policromadas de yeso y a su alrededor, como la gran atracción, un tren eléctrico, que si lo comparamos con los Marklin o Lima de hoy, era gigante. Sus vagones estaban cargados con frutas de la estación y paquetes de regalo. La novena se desarrollaba como todas. La diferencia, era más breve porque la cabrería comenzaba prontamente a inquietarse, todos querían admirar el convoy eléctrico en marcha. El señor Pérez procedía entonces a entonar el himno "Vamos niños al Sagrario que Jesús llorando está, pero en viendo tantos niños muy contento se pondrá".













El canto a voz en cuello ponía fin a la ceremonia. El cura se dirigía a la sacristía para despojarse de sus paramentos, minutos después ataviado sólo con su negra sotana regresaba a la gruta. Ante la expectación de los niños ponía en marcha el juguete. Primero zumbaba, enseguida iniciaba su periplo circular ante los ojitos asombrados de los más pequeños ... Así cada año. ¿ En que estación termini se habrá detenido, finalmente, el tren cuyo maquinista era el buen cura ?

La Nochebuena

El pan de pascua se hacía en casa, también el colemono. Señoras más curiosas preparaban rompón. A los cabros chicos nos mandaban a acostar a la hora de costumbre, no más allá de las 8, no sin antes dejar los zapatos en la ventana para que el Viejito Pascuero pusiera adentro los juguetes. Sólo esperábamos eso, juguetes. Los mayorcitos podían quedarse hasta más tarde. Los adultos cenaban a eso de las 11, previo a la apertura de regalos. Por supuesto no recibían juguetes. Antes de la cena el calor los había llevado a dar una vuelta por la plaza de armas en donde el orfeón municipal ofrecía una retreta entre 9 y 10 de la noche. Finalizaba con Noche de Paz. De allí muchos vecinos piadosos partían para la Misa del Gallo oficiada por los señores Pérez y López, párroco y teniente cura respectivamente. Estaban obligados a cenar más tarde pues la misa daba término muy cerca de la medianoche. Luego todo era Noche de Paz en el pueblo. Ni un alma por las calles, todos en sus casas. Es que la Nochebuena era un acontecimiento familiar.

La Cena

Champagne, colemono y pan de pascua para ponerse a tono. Enseguida, ya entonados, carne asada, pollo y ensaladas surtidas. Unas copas de vino (no muchas). El postre, duraznos en conserva con crema. En ciertas casas había torta y café. Era una novedad el soluble, hoy tan difundido y con tanto sabor a sopa de garbanzos.
El pavo navideño era aquellos años cosa de película yanqui. Los pavos de Molina pasaban susto entre junio y julio, no precisamente para Navidad.

El día después

Junto a los zapatos había camioncitos de madera, trencitos de madera, autitos de madera, muñecas de cartón piedra con rizos rubios. Algunos raros y novedosos juguetes con cuerda, también patines, pistolas de cowboy, espadas de lata, cascos prusianos de penacho rojo, triciclos, monopatines de madera, bicicletas marca Centenario para niños, cuerdas para saltar, trompos musicales de lata, autitos a pedales.
Los niños acudían a mediodía a la plaza para lucir sus juguetes y manifestar su alegría corriendo de allá para acá y de paso rompiéndolos o llenándolos con tierra ...
A la hora de almuerzo nos premiaban con Bilz u Orange Crush, mucho más ricas que las de hogaño.

Las fotografías: orgulloso tocado con mi casco prusiano de penacho rojo, también mi hermano Raúl con sus juguetes. Tomada frente al Teatro Municipal, de seguro, por mi padre con una cámara Kodak que Raúl aún conserva. A la derecha dos curiosos vecinos hilarantes. Tomada a fines de los años 40. Ante la imposibilidad de hallar fotografías del tren del señor Pérez publico la de uno cuya propiedad me disputa mi nieto Clemente.

11 diciembre 2007

La plaza en 1948...

La fotografía está tomada con una cámara de cajón, desde el centro de la plaza en diagonal hacia la esquina de Plaza Norte con la calle Quechereguas donde se ubicaba la Botica Godoy. En primer plano aparecen los cisnes que habitaban la pileta central circundada por por una reja de alambre. Al fondo se divisan las casuarinas que aún adornan la esquina de Quechereguas con Plaza Norte, frente al actual edificio de la Municipalidad. Al fondo se distingue un automóvil, uno de los escasos vehículos que a la fecha transitaban por las calles del pueblo.

17 octubre 2007

En el Día del Profesor


Hasta antes del golpe de estado, cada 11 de septiembre se celebraba el Día del Maestro. A partir de allí la tradición se fue a las pailas y con posterioridad todo se trocó por el Día del Profesor. El fasto es trasladado al 16 de octubre, coincidente con la fecha en que se otorga el Premio Nobel a la colega Lucila Godoy Alcayaga.
Hay que destacar primero lo obvio, el cambio de fecha, y luego lo sustantivo: se mantiene lo de día, más se pierde la expresión "maestro". Con ello se le resta categoría a la función del educador y se lo pone a nivel de un simple funcionario. El diccionario de la Real Academia de la Lengua dice que maestro es el que enseña una ciencia, arte u oficio o tiene título para hacerlo. Va más allá, destaca en solitario la palabra "maestra", mujer que enseña a las niñas en una escuela o colegio.
Prestad atención, plis. Hoy es el Día del Profesor. Tengo una propuesta: hay que hacer que regrese al 11 de septiembre y a su denominación original. Yo, porfiado como el que más, lo sigo conmemorando en ese día. Regreso a cobijarme en "mis" Maestras y Maestros (así con mayúsculas). La calificación de "maestro" la otorga siempre quien fue alumno y recibió de manos cariñosas y fuertes, la formación inicial, aquella que lo preparó para la vida.
Como no volver a sentarme en mi pupitre frente a la señorita Julia Ramos, en la escuela "Juanita Aguirre de Aguirre Cerda". Estaba jubilada, imagínense había sido, a su vez profesora de mi madre, quien también lo era, egresada de la Escuela Superior de Preceptoras José Abelardo Núñez, de Santiago. La "sita Julia" imponía respeto, se parecía a Gabriela Mistral. Usaba en clase un puntero de coligue con punta de goma. En mi escuela tuve manzanitas agua y sol. Los lunes por la mañana en el acto cívico interpretábamos la canción nacional y también el Hímno de las Américas, "un canto de amistad de buena vecindad unidos nos tendrá eternamente".
Mis grandes maestros estuvieron en el internado del Liceo de Hombres de Talca. Me educó el Estado. Don Hugo Flores, en Historia; don Rubén Valdés, Matemática y Física , don Osvaldo Aguilera, Francés; don Osvaldo Gómez, inglés de Inglaterra; doña Judith Alvarez, Castellano. Ella diariamente exigía una copia, ejercicio destinado a mejorar nuestras letras de iguanodontes. Corregía a vuelo de pájaro y ponía un visto bueno. Hasta que en mala hora leyó la mía... Terminé en la oficina de don Mariano González, el inspector general. ¿Qué te has creído Don Juan de pacotilla? tuvo a bien consultarme, al mismo tiempo que alzaba algunos decibeles su voz. Otro que está en mis recuerdos es un Hernán Loyola muy joven. Es el bibliógrafo de Neruda. Vive en Italia. Se le puso que yo podía ser actor de teatro. Habría temblado Noguera, entre otros. En Talca enseñó hasta 1960. "El golpe – me contó en un e-mail- me sorprendió como profesor de literatura chilena e hispanoamericana en el ex-pedagógico de Macul. En el exilio enseñé al comienzo en Bordeaux y en Budapest, pero desde 1977 me instalé aquí en Sassari al norte de Cerdeña". Está jubilado. De vez en cuando hace unos vuelos rasantes sobre Chile.
Tuve magníficos maestros. Con mayor cariño recuerdo a los que no me aguantaban una... Fueron mis modelos.
Los profesores de hoy serán los maestros del futuro. Sucederá en la medida que los actuales estudiantes,una vez adultos, se peguen la palmada y reflexionen sobre la importancia de lo que les entregan. Como hoy no cachan una, para ellos son, por el momento, sólo "los profes"...

11 agosto 2007

Nieve...no la había desde 1955





Las fotografías son de Catalina Ormazabal Pagliotti. Catalina Ormazabal Pagliotti"

06 agosto 2007

Viña Casa Blanca


Detrás de cada objeto que me pertenece hay una pequeña historia. En algunos casos, por cierto, hubiere valido la pena investigar más y no sólo contentarse con recuerdos personales. Está pendiente, por ejemplo, lo de la fábrica de cigarrillos de Curicó que salió a la luz con la publicación de los envases litografiados de los que di cuenta en una entrada anterior de este blog. Los descubrí en la casa en que se avecindaba la ex imprenta del periódico EL DIA, en la Avenida Estación, hoy Luis Cruz Martínez, e interesaron a varias personas. Bueno.

Publico hora otra cosa que pudiere ser novedosa: un anuncio de la Viña Casa Blanca aparecido a mediados de la década de los años 50, en una revista que no era otra cosa que una imitación nacional de la celebérrima Selecciones del Reader Digest y que, para colmo, se llamaba también Selecciones, pero a secas.

La pequeña historia.

El anuncio, de página completa, lo fotografié, con un lente macro, de la revista original en las casas patronales del fundo Proboqui, en Florida, aquí cerca de Concepción. Cada vez que voy allí, junto a mi amigo Ricardo Rössle, esposo de Verónica Fernández, una de las dueñas del fundo heredado de su señor padre, aparte de conversar leemos, en lo que cae en nuestras manos. Algunas de los impresos que se guardan son de tiempo inmemorial. Corresponden, en su mayoría, a libros y revistas que hace cien, o más años, significaban para las personas lo que hoy es la televisión.

El anuncio de la Viña Casa Blanca descubrirá a muchos que hasta mediados de los años 50 hubo, escasos kilómetros de Molina, una gran industria elaboradora de vinos que dio nombre al poblado que creció en su entorno, Casa Blanca. La familia Dussaillant regentaba la exitosa industria. Se la identificaba como una de las mayores del valle del Lontué. A sus dueños se les suponía una fortuna pues también eran propietarios del Radal y el Parque Inglés. La mitología popular señalaba que en dichos lugares retozaban ciervos de grandes cornamentas y eran, al mismo tiempo, sitios peligrosos pues abundaban los jabalíes. Ambas especies habrían sido importadas desde Europa por los Dussaillant, para mejorar sus cotos de caza y no sólo dedicar esfuerzos a liebres y conejos. ¿Mito o realidad?...

La viña comienza su periclitar cuando son descubiertos vinos falsificados, con mayores porcentajes de azúcar que los permitidos. Impuestos Internos puso en jaque a la industria. A ello había que agregar, según circulaba el rumor en el pueblo, el robo de varios miles de hectólitros de los cuales nadie sabía dónde habían ido a parar. Varias personas presuntamente involucradas en delitos conocieron la cárcel del pueblo por dentro, a raíz del asunto.

De ahí en adelante la Viña Casa no fue lo mismo, hasta que a fines de la década de los años 60 desapareció del mercado. Por lo que sé, subsiste el poblado mas las instalaciones pertenecen a otra empresa, de la que ni siquiera me he preocupado de averiguar su nombre.

17 junio 2007

La escuela de las señoritas Ramos


Hoy con la calle pavimentada


Hace algunos años con la calle aún empedrada.


Su nombre oficial era Escuela Particular N°8 Juanita Aguirre de Aguirre Cerda. Su directora la señorita Julia Ramos y las profesoras las señoritas Ana y Teresa Ramos. Tenía cinco cursos y se podía saltar de 5° de preparatorias a 1 er año de humanidades.
Funcionó hasta finales de los años 50. El uniforme de las niñas era rojo con boina del mismo color. Los varones lucíanos un terno azul, por supuesto con pantalones cortos. Una novedad, se introducía a los alumnos en el idioma inglés.
La escuelas principales de Molina eran en ese tiempo la de Hombres N° 1 y la N° 2 de Niñas. Funcionaba también la Escuela Parroquial cuyo profesor era el señor Brizuela. Ah, olvidaba el Liceo María Auxiliadora y la Escuela Adventista.

04 junio 2007

Don Clotario Blest, el relegado...


Los relegados no sólo fueron personajes en algunos pueblos pequeños y lejanos durante la dictadura. También los hubo antes, y en democracia. Molina, mi pueblo, recibió a uno de los más connotados, don Clotario Blest Riffo, el fundador de la Central Única de Trabajadores de Chile, CUTCH, hoy sólo CUT.
Durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, Clotario Blest desde su cargo de dirigente de los funcionarios del Estado, organizó exitosos paros y huelgas para demandar, en general, un mejor trato. Prácticamente paralizaba el país y de paso ocasionaba la ira del mandatario, el cual sentìa por él gran estima.
Don Clotario, un hombre de edad, de encanecida cabellera, terminaba habitualmente preso. Después del paro del 9 de enero de 1956, que fue una derrota parcial de los trabajadores, Blest fue otra vez encarcelado y esta vez relegado a Molina.


Belcebú en persona.

Los castigadores deben haber considerado: ese pueblo está a doscientos kilómetros de Santiago. Se puede llegar casi exclusivamente en tren, pese a que recién se había instalado Vía Sur, una línea de buses, la gente prefería el ferrocarril. Aparte de eso, Molina era una localidad muy quitada de bulla.
Recuerdo a don Clotario de paseo por el costado poniente de la plaza. Enfundado en un chaquetón negro de Castilla tocado con su característico jockey. Solitario. Ocurría que los diarios y la radio lo habían demonizado. Peor que eso, “comunistizado”.
La burguesía pueblerina debe haber pensado, nos mandaron a Belcebú en persona. Eso parece que se transmitió, incluso nosotros, adolescentes, recelábamos del personaje.

La pensión “San Carlos”.

Al primero que vi en animado diálogo con don Clotario fue al padre José Luis López. Valiente conducta que no tuvieron muchos de los vecinos. Nunca supe de qué hablaban. Don Clotario era un católico ferviente. Ustedes ni se imaginan la cara de la feligresía aquel domingo en que ingresó a la misa de 11 y más encima comulgó. ¿Cómo era posible, Jesús, María y José?.
Don Clotario residía en la “Pensión San Carlos”, en Calle Quilo. Sus anfitriones, don Carlos Candia y su esposa, la señora Anita. La especialidad de la casa, pichones de paloma con ñoquis. Plato de obispo, a juicio de mi padre. Había que hacer reservas durante época de pichones.

El policía a cargo.

La "estrecha vigilancia del peligroso personaje" estaba a cargo de Investigaciones. El cuartel situábase frente a la plaza, colindante con la Parroquia. Su jefe, don Manuel Alfaro. Tan buena persona como don Clotario, lo caracterizaban sus ojos azules, el bigote rubio, la permanente sonrisa y una boquilla muy de moda para la época. Lucía un vestón de cotelé, revólver a la cintura y ,como todo detective, un sombrero. El suyo un calañés verdoso adornado con una breve pluma. Conducía por nuestras calles un precioso automóvil que hoy perfectamente pudiera competir en esos rallyes de autos antiguos escenificados en muchos lugares del país.
Un hijo del ex Comisario Alfaro que reside en Santiago, me escribió el año pasado. Milagro de Internet, encontró mi blog. Residió en Molina cuando niño y quiere al pueblo tanto como todos nosotros.


Con el overol puesto

Don Clotario cumplió con su relegación. Retornó a la capital. Hasta el último día de vida dio ejemplo de magnífica consecuencia. Vivió largos años con su overol azul de mezclilla puesto, en permanente vigilia y con los puños apretados durante tiempos tenebrosos que jamás soñó que ocurrirían en Chile.
Murió pobre pero no en el olvido. Pidió ser enterrado con el hábito café del pobrecito de Asís. Hoy debe estar relegado en el cielo. Qué así sea...


Escrito por Hugo Olea en mayo de 2007

09 abril 2007

Semana Santa



Jueves Santo

La Semana Santa en el pueblo era tétrica. En la noche del jueves las señas para las ceremonias del lavado de pies y otras eran hechas con una matraca desde lo alto de la inconclusa torre de la iglesia parroquial. Sonaba horrible, nos producía pavor. La iglesia en su interior mostraba todas las figuras de los santos cubiertas con unos paños morados. Tiempo extraño ese para un niño preconciliar. Todo era dicho en latin por el cura que daba la espalda a los feligreses.

Viernes Santo

El viernes de nuevo la matraca llamaba a oración. En casa se hablaba bajito y la radio sólo transmitía música selecta. Pobre del que dijera una mala palabra en aquella mañana de dolor. En la cocina la Aurelia preparaba pescado.
A las 14 horas comenzaban "las tres horas", con un templo repleto. También a esa hora estaba de bote en bote el Teatro Municipal. Exhibía La pasión de Cristo en función de matiné, vermouth y noche. La novedad, el filme mudo era coloreado y parece que a mano. Las escenas alegres amarillas enteras, las trágicas de un furibundo bermellón. Lo raro, todos los telespetactadores conocían el desenlace pero el teatro se llenaba igual en todas las funciones.
Tarde noche del viernes el Vía Crucis en el interior del templo. Fin del día.


Sábado Santo

El sábado continuaba la tristeza acrecentada por el frío, el verano se había ido hacía rato. La gente adoraba la cruz durante el día. Nosotros, repito niños preconciliares, continuábamos hablando bajito, la radio seguía con la música selecta y pobre del que dijera un garabato. El infierno habría sido poco.
En la noche venía lo bueno. La matraca llamaba a la misa de resurrección, El templo repleto de gente, los santos cubiertos de morado, desde lo alto colgaban doseles negros que cubrían el altar por completo.
El cura Pérez, don José Samuel, iniciaba el oficio ataviado con un sobrepelliz albo, junto a él López, don José Luis, el teniente cura. Pérez tendido de cúbito abdominal rezaba las letanías que la feligresía respondía con sucesivos y sonoros ¡ora pronobis!.
De pronto nuestro cura párroco agarraba vuelo y cantaba en latin ¡ lumen lúmine !. Caía el velo de luto que cubría el altar y éste surgía refulgente mientras el Coro interpretaba un hímno de auténtica alegría pascual, simultáneamente las campanas de la torre eran echadas al vuelo y el olor a incienso y flores invadía el ambiente. Luego se iniciaba la misa pascual. Impresionante para un niño.
En nuestra etapa adolescente seguimos la ceremonia de pie desde la puerta de ingreso al templo, ubicación de los caballeros. Lo más entretenido eran los chascarros subidos de tono que nos contaba don Rogelio, el director de la banda municipal.

Domingo de Gloria.

Algunos aventajados candidatos a irse al cielo la mañana del domingo se repetían la misa, que, sin duda, no era tan espectacular como la de la noche del sábado. Sería muy domingo de Gloria pero no para nosotros por dos razones: ni se conocían los huevos de conejo y el lunes temprano había que volver a la escuela.